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La energía vital como brújula

  • Foto del escritor: Irene Duque
    Irene Duque
  • 7 jul 2025
  • 3 Min. de lectura

Hace ya varios decenios que se oye eso de que "vivimos tiempos en los que es fácil desconectarse de uno mismo". ¿Por qué ocurre esto? Por varias razones: hay muchas exigencias externas, el ritmo a veces es muy acelerado y las expectativas que arrastramos, tanto internas como externas, a menudo nos empujan a actuar en contra de lo que realmente sentimos o necesitamos. Y aunque aparentemente “todo va bien”, algo dentro está desajustado: el cuerpo se tensa, la respiración se acorta, la energía se agota.


Desde el Chikung y la Terapia Gestalt, hay una idea fundamental que puede guiarnos en estos momentos: nuestra energía vital –el “Qi” en la tradición china– nos habla constantemente. Es una brújula interna que señala si estamos en coherencia o no con lo que somos.


¿Qué es vivir en coherencia?

Vivir en coherencia puede parecer una utopía o algo muy complicado, pero es en realidad bastante sencillo. Se trata de sentir lo que sentimos, reconocerlo y actuar desde ahí. Es decir, darte cuenta de qué te pasa, que necesitas, qué te gustaría, y hacerle caso a esa necesidad o deseo.

En otras palabras, es vivir con autenticidad: es estar presente con lo que hay y no entrar en juicios. En la práctica de Chikung, a estos se le llama permitir que el Qi fluya libremente, sin bloqueos, lo que solo ocurre cuando no hay lucha interna ni tensiones acumuladas. Cuando negamos emociones, deseos o necesidades, la energía se estanca. Cuando nos habitamos con honestidad, el cuerpo se alinea, la mente se calma y la energía circula.


Por eso podemos afirmar que el cuerpo es un "mediador de la coherencia". Muchas personas llegan a terapia o a una clase de Chikung con síntomas que no entienden: cansancio, insomnio, digestiones pesadas, ansiedad difusa, dolores erráticos. Y muchas veces, la raíz es la misma: están viviendo desde una desconexión entre lo que sienten y lo que hacen.

El cuerpo no miente. Si algo no está bien, lo mostrará antes de que podamos explicarlo con palabras. En cambio, cuando hay coherencia, el cuerpo responde con vitalidad, fluidez y calma, estados en los que todos deseamos vivir.


La pregunta es ¿cómo se puede cultivar esa coherencia? Hay muchas maneras y es importante sobre todo llevarlas a la vida cotidiana tanto como se pueda. Por ejemplo, se puede escuchar (el cuerpo, el corazón) antes de actuar. Antes de tomar una decisión, puedes preguntarte "¿Qué siento realmente? ¿De verdad quiero esto o es otra cosa la que necesito?

Otra manera fundamental de ir fomentando la coherencia en nuestras vidas es reconectando con la respiración o, dicho de otro modo, respirar para reconectar. La respiración consciente es una vía directa al cuerpo. Dedicar unos minutos al día a respirar profundo y con atención plena te ayuda a salir del ruido mental y a percibir cómo estás realmente.


Practicar el movimiento con presencia es otra manera eficaz de alinearnos por dentro. Si no practicas Chikung, Taichi o Yoga, puedes aplicar este principio a los movimientos que hagas en tu día a día, prestando atención al peso de cuerpo, a las sensaciones que se despiertan al entrar en contacto con el suelo, etc. Otra idea muy necesaria para cultivar la coherencia es nombrar lo que sentimos. En terapia, poner en palabras la experiencia es parte del proceso de toma de conciencia. Y esto puede aplicarse a la vida, con nosotros mismos o frente a personas de confianza. Así, nombrar el miedo, la rabia, la alegría o la duda, sin juzgarla, permite que esa energía emocional fluya en lugar de quedarse atrapada.


Cuando la energía fluye, la vida cambia. Vivir en coherencia no significa que no haya conflictos ni desafíos, pero sí implica atravesarlos desde un centro más claro. Cuando estás alineada contigo, el cuerpo se siente más vivo, las decisiones son más fáciles de tomar, más ligeras y las relaciones más auténticas.

La energía vital no es un concepto abstracto: es tu aliento, tu pulso, tu intuición, tu voz interna. Aprender a escucharla y confiar en ella es una de las formas más profundas de sanar y de vivir plenamente.



 
 
 

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